Con amenazas de paro de por medio, el Gobierno nacional y el triunvirato de la Confederación General del Trabajo (CGT) se reunieron sin alcanzar conclusiones válidas para los trabajadores.

Hoy, Argentina presenta una situación atravesada por varias aristas: un Gobierno que todavía está encontrando su rumbo; un nuevo formato de CGT, cuya cabeza está integrada por un triunvirato; reuniones y firma de convenios. Pymes y trabajadores deben lidiar con la suba de tarifas, el impuesto a las ganancias, una inflación que excede lo previsto y supera lo (poco) conseguido durante las paritarias, y el gran ausente en todas las discusiones: el faro del desarrollo para una Argentina en la que todos los actores estén de acuerdo para los próximos diez años.

Tras la reunión, el Gobierno nacional se comprometió a evaluar ciertos pedidos, la CGT advierte que habrá un paro y, en el tironeo, los argentinos nos preguntamos: "¿No hay solución?". Sí, la hay.

La retracción económica de la que se intenta salir implica buscar entre todos las claves del desarrollo. La incertidumbre de fines de 2015 se reflejó en la remarcación de precios de noviembre y diciembre. Todavía Argentina no encuentra una mesa de diálogo para políticas públicas estables para el desarrollo. Si bien el ministro de Producción de la Nación, Francisco Cabrera, concretó algunos encuentros sectoriales positivos que derivaron en leyes, como la de mayor participación nacional en autopartes, hoy se requieren mejores acuerdos en impuestos y energía, entre otros.

A pesar de que al principio el Gobierno nacional no creyó en el diálogo para generar políticas, el desencuentro en tarifas lo llevó a pensar en la urgencia de un formato distinto, como las mesas de diálogo.

La respuesta está en la urgente constitución de un Consejo Económico y Social Nacional del que participen todos los sectores de trabajo y producción, para que, conjuntamente, elaboren las medidas necesarias para afrontar la delicada situación por la que transita nuestro país.

Un Consejo Económico y Social Nacional que concentre, a través de distintas visiones de las organizaciones que lo compongan, un espacio para el debate, el diálogo y la reflexión, donde se armonicen los intereses de sus integrantes y se generen acuerdos que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos.

Porque el 32,2% de pobreza estructural —que no es de hoy— que queremos revertir requiere de políticas de desarrollo sostenidas por todos los sectores, que hasta hoy no se han dado. Es el tiempo de empezar.

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