La salida de la crisis del año 2001 estuvo marcada por la conformación de la Mesa del Diálogo Argentino, convocada por la Iglesia Católica junto con las Naciones Unidas. Bastaron solo tres reuniones para consensuar que las retenciones financiarían el Plan Jefes y Jefas de Hogar, que beneficiaría a miles de desocupados. 
Si la Mesa de Diálogo hubiera virado en una institución permanente que tratase las prioridades a mediano y largo plazo del país (energía, transporte, impuestos, etc), hoy tendríamos una herramienta para afrontar las situaciones de crisis con un vasto recorrido. 
Este tipo de instituciones conocidas como Consejo Económico y Social existen en distintos lugares del mundo; hace 40 años en Holanda y Francia, y hace 30 en España. 
Allí, el Consejo Económico y Social tiene tanto peso que opina sobre cada proyecto de ley que se envía al Parlamento. Así es como se resguarda la estrategia a mediano y largo plazo con el respaldo de los actores económicos y sociales. Esta opinión no es vinculante, y si en quince días el Consejo no opina, sigue adelante con el proceso. 
Hoy nuestro país está atravesando una situación tanto institucional como económica sumamente delicada. El final de la era K, donde todo se hizo discrecionalmente en detrimento de la fortaleza de todas las instituciones, nos lleva a una situación de extrema sensibilidad social. Todo ello sumado al estancamiento económico, la caída en la producción y la falta de inversión, que ya es un hecho. 
Se acerca un fin de ciclo. Y el comienzo de otro. Es hora de dejar atrás el método de la imposición para hallar coincidencias, profundizar el diálogo y el respeto por la diversidad de voces.
Es una extraordinaria oportunidad para que quien gane el balotaje convoque con generosidad y espíritu cooperativo a un proceso de diálogo institucional para consensuar medidas de fondo que requieren de urgente solución. 
Así como también es fundamental que esta clase de institución sea liderada por algún referente que tenga la madurez y la preparación para proponer una agenda de acuerdos estratégicos de largo plazo y que oriente la implementación de las políticas públicas.
En la Ciudad de Buenos Aires, el Consejo Económico y Social funciona desde el año 2012. Está conformado por 26 instituciones en las que confluye una multiplicidad de voces. Allí aprendimos a convivir las distintas posturas políticas, empresarias, gremiales y religiosas para consensuar puntos de vista que a veces incomodan. Es por esta exitosa experiencia que considero que un Consejo Económico y Social Nacional sería una excelente herramienta para modificar temas de fondo con un consenso amplio de todos los sectores comprometidos con el desarrollo de nuestro país. 
Y para eso necesitamos compatibilizar los intereses de la producción y los del trabajo para que se complementen en un ámbito en el cual se sepan interpretar las necesidades para potenciarlas.

MIS PROPUESTAS PARA LA CIUDAD EN 1 MINUTO

RECORRÍ JUNTO A MARGARITA STOLBIZER Y JUAN MANUEL LUGONES LA VILLA 21-24

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