VIVIENDA: UN PROBLEMA GRAVE QUE AFECTA A LOS PORTEÑOS.

Hace 40 años los jóvenes podían soñar con tener su propia casa. Hoy, muchos ciudadanos se resignan a alquilar de por vida. El 44% de los porteños no tiene vivienda propia y el 30% son inquilinos.

Más de 650.000 porteños tienen problemas críticos de vivienda, es decir, residen en conventillos, villas, asentamientos o viven en situación de calle y pagan alquiler.

Para intentar obtener un crédito, los bancos piden tantos requisitos que lograrlo se vuelve imposible. Como si ser joven fuera sinónimo de ser poco confiable.

En los últimos años, Buenos Aires sufrió un proceso de favelización, donde el más pobre es el que paga por vivir mal, mientras muchos porteños de clase media viven alquilando sin posibilidad de poder comprar una casa en toda su vida.

Necesitamos llevar adelante una política acceso a la vivienda que facilite a la gente volver a soñar con ser propietaria. Las grandes ciudades del mundo enfrentaron y resolvieron este problema. Buenos Aires no lo hizo. Mientras tanto, existe una enorme cantidad de viviendas desocupadas que con esta medida podría tener finalmente nuevos propietarios.

Mis propuestas para resolver el problema de vivienda son:

  • Créditos hipotecarios a 40 años y que la hipoteca de la vivienda sea la única garantía requerida. El Banco Ciudad puede ser la herramienta política con la cual se otorgue la hipoteca.
     
  • Poner en funcionamiento la Ley de Garantía Bancaria de Alquileres del Banco Ciudad, de la que soy autor. Se trata de una garantía bancaria que permite alquilar a aquel ciudadano que no consigue una garantía real. Esta medida tendería a eliminar la venta de “garantías reales truchas”. También se vería beneficiado aquel que aún vive con un familiar porque no consigue garantía o aquel que paga un alquiler caro en viviendas precarias porque no puede formalizar un alquiler por falta de garantía. La ley además establece que la persona que cumplió con la garantía bancaria de alquiler mejore en un futuro su acceso a un crédito hipotecario.
     
  • Finalmente, el Estado debe promover la construcción de vivienda social, pero con mejores instrumentos que los que cuenta hoy: con fondos propios y también en acuerdo con las organizaciones sindicales, como experiencias que ya han ocurrido en la Ciudad.

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